LA RESEÑA
Este tema nos toca trabajar un tipo de texto que hemos
trabajado muchas veces pero igual nunca nos habíamos fijado en su nombre. Es la
reseña.
La reseña
es un escrito donde se ofrece información
resumida sobre un libro o película y se
expresan opiniones sobre su contenido.
Aquí tenemos algunos ejemplos:

A continuación tenemos la reseña de dos de los libros más interesantes en el ámbito de los derechos humanos que se han publicado en los últimos tiempos.
Aquí tenemos la reseña del libro “Yo
soy Malala”
Malala Yousafzai y Christina Lamb
Editorial: Alianza Editorial
Autor:
Daichan, estudiante de psicología y lector empedernido desde niño.
Estamos
ante un libro de esos que cuando lo lees, dejan huella. Yo soy Malala prueba el poder de la palabra
escrita, de la educación, la verdadera arma de destrucción masiva
de maldad, ignorancia y desigualdades.
Yo
soy Malala llegó a mi vida de manera curiosa. Lo que
me esperaba en esta aventura era para mí una verdadera sorpresa. Y
ha sido una de las mejores sorpresas que me han ocurrido en este año
2014.
Cuando
os acerquéis a este libro, os encontraréis la biografía de una
niña llamada Malala que vive en el valle de Swat, en Pakistán.
Primogénita de una familia humilde del valle, es la hermana mayor de
tres hijos, los otros dos varones. Cuando ella nació no se
escucharon disparos de rifles al cielo (señal de la llegada de una
alegría, un varón a la familia), tampoco se celebró. Sin embargo,
su padre, un hombre de letras que luchaba ya en su día por crear una
escuela, le pidió a sus amigos que dejaran en la cuna de su primera
(y en esa época, única) hija las ofrendas típicas que se les da a
los niños cuando nacen. Ya comenzaba la diferencia que tendría que
vivir Malala, la diferencia de ser una ciudadana de segundo orden. No
obstante, su padre, Ziauddin Yousafzai, fue el primero que confió en
su hija, antes incluso de que ella supiera hablar. El nombre de
Malala viene de una heroína real que tuvo la nación de Pakistán,
Malalai de Maiwand. Le pusieron este nombre porque Ziauddin creía
que su hija iba a ser una mujer importante, que iba a hacer grandes
cosas. No se equivocó.
Con
apenas 11 años, Malala se convirtió en toda una eminencia en el
mundo cibernético bajo el seudónimo Gul Makai, escribiendo un blog
denunciando las atrocidades que ocurrían día sí y día
también en todo Pakistán. Poco a poco, Malala dejó de ser una
simple niña que luchaba por la educación y la paz, para convertirse
en toda una activista profesional, acompañada de su padre, también
activista y luchador nato por los derechos humanos.
Entre
las cosas que más me sorprendió de Yo soy Malala se encuentra todo
lo que aprendí sobre Pakistán y el pueblo Pashtún, gentes
humildes, que comparten todo lo que tienen, personas pasionales,
tanto para lo bueno como para lo malo. Allí en valle de Swat
existían varias escuelas para niñas. Hasta escuelas de niñas y
niños. El padre de Malala era director de unas cuantas. Eso me
sorprendía, porque yo creía que era imposible. Sin embargo, Malala
iba a esas escuelas, sabía inglés, aprendía matemáticas, química,
historia y literatura.
Lo
más destacable es la figura paterna de Malala. Ziauddin es otro
héroe enorme en esta historia. Un padre que lucha por su hija hasta
dejarse la vida. Ziauddin es quien le
enseña a Malala todo lo que sabe, el respeto, la importancia de la
educación y el amor por la paz. Es este mismo hombre el que jura y
promete a la pequeña que nadie jamás le cortará las alas. Eso se
lo dice con miedo, sabiendo que los talibanes se acercan al valle de
Swat y todas esas horribles noticias de sangre, de mujeres asesinadas
o muertas en vida, encerradas y a oscuras, historias pesadillescas
que vienen desde Afganistán, podrían instaurarse en su pequeño
valle.
Después
del atentado de Malala, cuando es trasladada al hospital militar de
Pakistán, viviremos los momentos de tensión más horribles que la
literatura nos pueda dar. Y es que esto fue real, más real que nada.
Una niña al borde de la muerte. Y todo por culpa de unos psicópatas
radicales. Toda la nación se estremeció. Y la tristeza de su
familia, de la gente cercana que en algún momento ayudó a Malala en
su importante lucha contra la violencia de su país, nos deja sin
aire. Yo no podía parar de leer.
Me
estremecí de emoción cuando tantos países se unieron para
salvarla. Casi lloré cuando el príncipe de los
Emiratos Árabes le fletó un avión privado, de la familia real de
ese país, para que pudieran trasladarla con urgencia a un hospital
de Inglaterra. Me emocioné terriblemente cuando vi a tantos países,
diferentes todos ellos, unidos para salvar la vida de una niña.
Definitivamente, toda la aventura y todas las personas que estuvieron
implicadas en esta, son una vorágine de emociones que debéis
experimentar leyendo esta biografía.
Te
gustará este libro si:
Este
libro es de lectura obligada, así que espero que lo leas, te llame
la atención o no. No se trata de una novela de aventuras ni de
romance, sino de algo mucho más impresionante: la vida misma y la
fuerza de la esperanza. Te gustará si sabes apreciar las grandes
historias de la Humanidad.
No
te gustará este libro si:
Si
tienes un nulo interés en los derechos humanos o en lo que ha
ocurrido en los últimos años en el mundo, ¡no lo leas, pero
tampoco leas periódicos o cosas similares! Si no te interesa
aprender nada sobre el mundo islámico y sobre el mundo en general…
definitivamente te estarás perdiendo una de las joyas más
impresionante de los últimos años.
“En
la guerra el alma se te cierra y no sientes emociones, es como un
mecanismo de defensa, porque si no te morirías de ver tanto horror”,
explica Ishmael Beah, un ex niño soldado de Sierra Leona que con
sólo trece años se vio obligado a luchar en un conflicto que le
arrebató la familia y la niñez. Quince años después, Beah, que es
embajador de buena voluntad de Unicef y vive en Nueva York con su
madre adoptiva, ha decidido “poner cara” al drama de los niños
soldados y explicar su historia en ‘Un largo camino’ (RBA), un
libro estremecedor, por su realismo, en el que relata el infierno
que, como él, aún sufren miles de menores en todo el mundo.
En
enero de 1993 la guerra sorprendió a Ishmael cuando volvía con su
hermano mayor y unos amigos de un concurso de hip-hop que se
celebraba en Mattru Jong, un pequeño pueblo situado a unos 25
kilómetros del suyo. Ya nunca pudieron volver a casa.
Los
violentos enfrentamientos en los que inesperadamente se vieron
envueltos de regreso a sus hogares, empujaron a estos jóvenes, de
apenas 13 años, a vagar sin rumbo por un país convertido en un
infierno de violencia sin sentido, azotado por las sangrientas luchas
entre el ejército gubernamental y los rebeldes del Frente Unido
Revolucionario.
Tras
meses de huida desesperada, Ishmael y sus compañeros llegaron a un
campamento de las fuerzas del gobierno en busca de ayuda. Sin
embargo, en vez de una cama y comida, les dieron balas y un fusil.
Sin quererlo, se habían convertido en niños soldados.
“Cuando
llegamos a la base militar pensamos que nos íbamos a sentir seguros,
pero resultó ser falso, se convirtió en una pesadilla. Tras un
período de adiestramiento de sólo una semana empezamos a participar
activamente en la guerra. La única opción que teníamos era entrar
en el ejército y combatir o dejar que nos persiguieran y mataran”,
relata Ishmael.
El
ejército se convirtió en su familia
El
ejército se convirtió entonces en su única familia. Los
comandantes, sanguinarios y autoritarios, ejercían de padres, mientras que los niños soldados se consideraban como
hermanos.
“Pero
para ser parte de la familia tienes que hacer lo que te dicen,
manifestar tu lealtad al grupo. Por eso, si te piden que mates, has
de matar, y la violencia se convierte en tu forma de vida”, señala
Ishmael.
Ishmael
reconoce que ha visto asesinar a cientos de personas y que él mismo,
bajo los efectos de las drogas, el odio y las órdenes de los
superiores, ha apretado el gatillo en innumerables ocasiones, matando
a combatientes, pero también a niños, ancianos y demás personas
inocentes.
Dice
que al principio, cuando asesinas a alguien, “te sientes
horrorizado”, aunque al final “te acabas acostumbrando”. “Es
como un mecanismo de defensa, porque si no puedes morir por el mero
hecho de haber visto eso. El alma se te cierra y no eres capaz de
sentir emociones humanas. Es la locura de la guerra”, afirma
Ishmael.
Unicef
le sacó de la guerra
Durante
cerca de tres años las armas formaron parte de la vida de este joven
hasta que Unicef le sacó de la guerra y le trasladó a un centro de
rehabilitación para niños soldados en Freetown, la capital de
Sierra Leona.
Allí
empezó su nueva vida. Pudo volver a la escuela, ayudar a otras
personas en su misma situación y dar conferencias en otros países
sobre el drama de los niños soldados, hasta convertirse en embajador
de Unicef. Pese a su tormentoso pasado, Ishmael, que se ha licenciado
en Ciencias Políticas, asegura que es posible volver a llevar una
vida normal, aunque ello “requiere un proceso largo”.
“Nunca
puedes olvidar, aunque aprendes a vivir con los recuerdos y a
transformarlos para que no sean una carga para ti. Son como un
recordatorio de lo importante que es vivir en paz. Eso -afirma- es lo
que he aprendido yo de esta experiencia”.
(Fuente:
El Mundo, 26/01/2008)
Ishmael
Beah, Un largo camino. Memorias de un niño soldado, RBA: Barcelona,
2008. 272 págs.
Ya he leído la reseña del libro de Malala y el de el niño soldado.
ResponderEliminarYa he hecho las tareas y ahora estoy mirando lo de Malala.
ResponderEliminarYa lo he leido
ResponderEliminarY es todo muy interesante
ResponderEliminarY es todo muy interesante
ResponderEliminarYa lo he leido
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